jueves, 3 de octubre de 2019

Siete reflexiones sobre el final de los tiempos


SIETE reflexiones sobre el final de los tiempos
1.-  NUESTRO DESTINO EN MANOS DE DIOS
A veces me pregunto hasta qué punto nuestros deseos fervorosos de "salvar" a la Iglesia de sus enemigos no son finalmente pólvora húmeda. Porque veo que los enemigos de la Iglesia crecen más -y más eficazmente- que los medios humildes que ponemos para contrarrestarlos. Tengo la impresión que estamos condenados finalmente, como decía el profeta Sofonías, a ser "un pequeño resto fiel que invocará el nombre del Señor" (Sof. 3,12). O quizás ni eso. ¿Seremos capaces –lo seré yo- de aguantar las horrorosas pruebas que van a sobrevenir? Pruebas que “si no se acortasen esos días nadie se salvaría” (Mt. 24,22). Pruebas –como decía San Agustín- más duras que las que vivieron nuestros hermanos del pasado, que luchaban contra emperadores –hombres en el fondo-, pero nosotros deberemos luchar contra el auténtico y genuino vicario de Satanás, el Anticristo. Pruebas, en definitiva, más tremendas que los primeros seguidores de Jesús, que aunque conocían la maldad de los fariseos, tenían claro lo dicho por su maestro: ”Haced y guardad lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen” (Mt. 23,3).  Pero tal será el desorden doctrinal, la ceguera de los guías  cristianos de nuestro tiempo, que no sólo no deberemos hacer lo que hacen sino incluso no guardar lo que nos digan. Porque como avisó Nuestra Madre María en las apariciones de Garabandal (1.965) “Muchos sacerdotes, obispos y cardenales van por el camino de la perdición y arrastran con ellos a muchos fieles”.  

De lo que estamos seguros -porque nos lo dice la Biblia- es de que, en un primer momento, la Iglesia no triunfará en la tierra, y sí lo hará la apostasía (Mt. 24,10-13). Pero que el mismo Jesús –Ap. 19, 11 y ss.- pondrá fin a tal horror, inagurando –según unos- el “reino de los mil años” o –según otros- el juicio final (me decanto más por lo primero).     
La verdad es que siempre me ha parecido mero orgullo la creencia de cada generación de estar viviendo los momentos más decisivos de la historia de la Iglesia, pero creo que hay indicios objetivos para pensar que será nuestra generación la que contemple el desenlace brutal de esa -de momento- adormecida apostasía que parece invadir todo, cuya raíz y fundamento es la sustitución de la adoración de Dios por la del hombre. Como dice Pablo, en II Tesalonicenses, quien ocupará sacrílegamente el trono de Dios, quien se hará pasar por Él, será un “hombre impío” (II. Tes. 2,4). La grotesca profecía que el Demonio hizo a Eva –“seréis como dioses” (con minúsculas) (Gen. 3,5) adquirirá en nuestro tiempo exacto cumplimiento.
En definitiva, la sensación de época terminal cada vez la vivo con más convicción. Y creo que es un sentimiento generalizado en buena parte de la Iglesia. Aunque no les gustasen al beato Juan XXIII, creo que los "profetas de calamidades" preveyeron lúcidamente lo que iba a suceder.
Ojalá me equivoque.




2º.- LA BIBLIA NOS EXIGE ESTAR ATENTOS
Según una encuesta, un 15% de norteamericanos cree que el fin del mundo se producirá, de conformidad con las profecías mayas en 2.012. Bueno, yo no creo que ese 15% vaya muy desencaminado (en cuanto a la cercanía de la fecha, no en cuanto al año concreto), pero no por lo que digan los mayas. Los cristianos tenemos otras fuentes: primero las Escrituras como el Apocalipsis, los textos apocalípticos de II Tesalonicenses o el Libro de Daniel; segundo, las Apariciones marianas a videntes, aprobadas o no explícitamente por la Iglesia, que inciden en lo mismo, en el final de un época (ojo, no del mundo, lo que vendrá después de esta época es una incógnita) y tercero, los profetas, los verdaderos profetas, no los falsos profetas, esos “insensatos que siguen su propio espíritu y no ven nada” (Ez. 13,3), “que han engañado a mi pueblo asegurándole paz, cuando no había paz” (Ez. 13,10), esos “guías ciegos” (Mt. 23,24), esos “pastores que dejan perecer y dispersarse al rebaño de mi pasto, dice Yavhé” (Jer. 23,1).
En cuanto al concepto de cercanía, la Biblia claramente excluye estas especulaciones curiosas (Hch. 1,7), pero obliga asimismo a "escrutar el signo de los tiempos" (Mt. 16,3). Pienso que cualquier cristiano de cualquier época debe llevar en sus labios permanentemente el "¡Ven, Señor Jesús!" (Ap. 22,20), pero si además hay indicios de que hechos trascendentales y absolutamente únicos en la historia humana pueden suceder en esta generación -los hay y muy poderosos-, si hemos tenido la "suerte" o "desdicha" (según se mire) de vivir en este tiempo, probablemente seamos testigos de un cambio como no conoció jamás el mundo.
Y tranquilos. Todo está en manos de Dios. Confiemos y esperemos. Y digamos siempre ¡Ven Señor Jesús!

3º.- EL OBSTACULO QUE IMPIDE LA PRESENCIA DEL ANTICRISTO ¿HA SIDO REMOVIDO?
Pablo, en la Segunda Carta a los cristianos de Tesalónica, intenta tranquilizarles porque tras la primera que les envió muchos se asustaron y pensaron “que el día del Señor es inminente” (II Tes. 2,1).  El Apóstol, entonces, les indica, una serie de hechos que deben darse antes de que suceda ese día del Señor (la gran apostasía, la venida del “anomos”, del hombre sin ley, del Anticristo, que usurpará el trono del mismo Dios (II Tes. 2,4). Y añade algo importante: ese “anticristo” todavía no ha hecho su aparición porque algo (un obstáculo o “kajeton”) –conocido por los propios tesalonicenses- impide su aparición “hasta su tiempo” (II Tes. 2,6). Sin embargo, Pablo deja claro que aunque gracias a ese “kajeton” todavía no haya aparecido el anticristo “realmente el misterio de iniquidad ya está en acción” (II Tes. 2,7)
Los cristianos de Tesalónica conocían perfectamente, por boca del mismo Pablo, en qué consistía ese obstáculo. Nosotros desgraciadamente no. Muchos Santos Padres identificaron ese Kajetón con el orden jurídico-político del Imperio Romano, por lo que ha habido algunos autores que han consideran que la destrucción por parte de Napoleón de lo que quedaba del Sacro Imperio Romano Germánico en 1.806, unido al hecho acaecido años atrás de la Revolución Francesa (que marcó el inicio de una modernidad de agresivo laicismo), son señales claras de haberse removido ese "kajetón", dejando abierta la puerta para que un no lejano día apareciera el genuino anticristo.
La evolución de la humanidad desde entonces hasta hoy, desde el punto de vista moral, ha sido una caída hacia la abyección y la impiedad (paradigmático es el hecho de que el mundo “civilizado” aceptara ser un derecho matar a los niños en el vientre materno -algo inconcebible hace un siglo- o que se haya perdido absolutamente el sentido de los “novísimos” por parte de los católicos)  
4º.- ALGUNOS INDICIOS DEL CERCANO FIN DE LOS TIEMPOS
1º.- ASI SE INDICAN EN MUCHAS APARICIONES MARIANAS.- Las apariciones marianas no son materia de fe, cierto,  pero si Nuestra Madre aparece en nuestro tiempo con una frecuencia con la que nunca lo ha hecho en la historia del cristianismo -y siempre para advertirnos de lo mismo-, me parece irreverente no prestarle atención.  La Salette, Fátima, Garabandal, Akita o Medjugorge tienen un mínimo común denominador de petición de penitencia y conversión a los hombres,  y si no son atendidas esas peticiones,  de castigos terminales para la humanidad (en una época además donde el desarrollo tecnológico hace posible la destrucción masiva de la vida humana).  Si hay algo que la Biblia nos recuerda a machamartillo es que Dios cumple sus justas amenazas, pero que nos avisa reiteradamente con misericordia para evitar cumplirlas. María, como madre de Jesús y madre nuestra, es mensajera privilegiada por su gloriosa humanidad, su maternidad espiritual, su belleza, su bondad y su amor a sus hijos.
2º.- PROFECIAS DE VIDENTES CANONIZADAS.- Es llamativo igualmente que Santa Brígida de Suecia primero y la Beata Ana Caterina Emmerich después,  sitúen el episodio apocalíptico –Ap. 12,9-12 o 20,3- de la liberación de Satanás (o su defenestración a la tierra, con todo lo que ello conlleva) "cuarenta o cincuenta años antes del año dos mil". El mejor indicio del cumplimiento de esta profecía es la aceptación social del aborto por el llamado mundo civilizado desde la segunda mitad del siglo XX. Tanta aceptación y/o indiferencia ante tanta sangre inocente derramada es más que inhumano, es sencillamente sobrehumano, demoníaco. La sangre inocente clama en el Apocalipsis –Ap. 6,10- , y Dios no dilatará el  justo castigo.  ¿En nuestro tiempo? Probablemente.
3º.- PREDICACION DEL EVANGELIO A TODAS LAS NACIONES.- Ese hecho está anunciado, como previo al “final”, por el mismo Jesús en el discurso apocalíptico de Mateo (Mt. 24, 14). Y creo que hoy día no podemos negar -y más con los medios de comunicación de masas y con internet- que el Evangelio haya sido predicado a todos los pueblos. Otra cosa es que no se haya acogido o que se haya acogido falsificado (hasta en China hay cristianismo, pero en una iglesia cismática). El Hijo del Hombre cuando vuelva no encontrará ciertamente fe en la tierra (Lc. 18,8), por mucho que se haya predicado su Evangelio.  Recordemos la parábola del trigo y la cizaña.
4º.- CALDO DE CULTIVO IDEOLOGICO PARA QUE APAREZCA EL ANTICRISTO.- Hay discusión sobre si el Anticristo será una persona en concreto o simplemente un espíritu ideológico mundano profundamente anticristiano (como piensa el más grande exégeta del apocalipsis, el chileno Manuel Lacunza), espíritu mundano que atraviesa transversalmente a todos, incluidos a los cristianos. Ambas posibilidades son ciertas, porque aunque la hipótesis más probable es la primera, ese sujeto concreto estará preparándose con el caldo de cultivo de estos tiempos tan radicalmente anticristianos (lógico por otra parte si, como dicen las profecías de esas dos videntes antes citadas, en nuestro tiempo Satanás está campando a sus anchas).
Los ejemplos históricos (Nerón, Diocleciano, matanzas de la Revolución Francesa, Hitler, Stalin…) sí son ciertamente   “tipos” de Anticristo, pero a todos ellos les faltaba un elemento esencial del verdadero “Anticristo” como es la naturaleza global y universal,  y sólo ha habido una época histórica de verdadera globalización, y es la nuestra, por lo que será en nuestra época cuando esa figura –que creo que todavía no ha surgido- puede alcanzar sus mayores éxitos –universales- de impiedad y odio a Cristo. Afortunadamente –como dice la Biblia y Vd. recuerda- su reinado durará poco tiempo (tres años y medio, Ap. 13,3 o Dan. 7,3-6).
No olvidemos que, aparte del Anticristo, también habrá un "falso profeta" (Ap. 13,11 y ss.), una religión falsificada (la gran Ramera de Ap. 17), un cristianismo mundanizado hasta los tuétanos e irreconocible ¿No lo vemos hoy?  Quizás no sea –todavía- lo que se llama “la Gran Apostasía”, pero en ninguna época la humanidad –de manera global- se acerca tanto a eso.  Un  cristianismo global –sociedades culturalmente cristianas-,  pero en parte edulcorado y en parte literalmente falsificado.
5º.- LA PROFECIA DE LA RESTAURACION DE ISRAEL.- Hay una profecía bíblica verdaderamente decisiva, vinculada a los tiempos finales, como es la referida al nuevo resurgimiento de Israel tras el tiempo de los gentiles (Lc.21,4), profecía exactamente cumplida con la creación del Estado de Israel en 1.948. Es decir, en nuestros tiempos.

6º.- CONVINCENTE INTERPRETACION DEL APOCALIPSIS DE LEONARDO CASTELLANI.- Decía Castellani, lúcido profeta de nuestro tiempo, que ante colosos que antes que él leyeron e interpretaron el Apocalipsis (como San Jerónimo, San Agustín o Manuel Lacunza), él mismo se sentía como un enano ante ellos. Pero que sin embargo, un enano, en los hombros de esos tiene una visión más extensa de las cosas y por lo tanto más correcta. La historia tiene unos hitos que, ahora, en nuestro tiempo, pueden ajustarse sin violencia al texto de Apocalipsis, pero que en tiempos de aquellos gigantes no eran visibles.
Con todo ello, Castellani hace una aguda interpretación del libro y de la historia, de modo que para un lector libre de prejuicios resulta al final plenamente convincente esa adecuación, en la que como hecho fundamental destaca que nuestra época está viviendo YA el desenlace de ese grandioso poema dramático que es el Apocalipsis. Con todo lo que ello comporta.
Remito a sus trabajos exegéticos y eruditos sobre el tema, primordialmente su trilogía “Cristo ¿Vuelve o no vuelve?”, “Los papeles de Benjamín Benavides” y “El Apocalipsis de San Juan”.-
Yo, ante tantos indicios que apuntan a nuestro tiempo, yo prefiero, como dijo Nuestro Maestro “tener ceñidos los lomos y encendidas las lámparas” (Lc. 12,35).
7º.- “SE HA CUMPLIDO EL TIEMPO, Y EL REINO DE DIOS ES INMINENTE. CONVERTIOS Y CREED EN EL EVANGELIO” (Mc. 1,15). Jesús profetizó con exactitud la destrucción de Jerusalén en el plazo de una generación (Mc.13, 30). El uso consciente por parte de Jesús de términos apocalípticos para este evento histórico se explica por el hecho de que la destrucción definitiva del templo (a diferencia de las destrucciones de babilonios y helenistas, que fueron temporales) significó el fin de un mundo -el judío, vinculado radicalmente al templo-  que no comprendió que a Dios ya no se le adoraría "en templos construidos por la mano del hombre" (Hch. 17,24), sino más bien, como dijo Jesús a la samaritana, "en Espíritu y Verdad" (Jn. 4,23).
Pero no sólo profetizó ese hecho histórico concreto. Profetizó asimismo "después de pasada esta angustia" (Mc. 13,24) otro evento de naturaleza universal y cósmica, de fecha muy incierta (Mc. 13,32), que todavía no se ha cumplido, pero que se produciría una vez se diesen dos condiciones: UNA: que el Evangelio sea predicado a todo el mundo (cosa, creo yo, cumplida en nuestros tiempos de sobreabundancia de información)(Mt. 24,14), y DOS: la restauración de la Jerusalén pisoteada por paganos, una vez concluya el término de éstos (evento probablemente cumplido con la restauración del Estado de Israel en 1.948) (Lc. 21,24).
Con todas las precauciones que deben tomarse ante estas cuestiones pienso que el cumplimiento de esas profecías avisa de que ya estamos a las puertas de esos segundos eventos profetizados por Jesús, muchísimos más dramáticos y universales que la destrucción del templo judío. Por eso es imprescindible que todos los cristianos –que todo el mundo en general- recuerde permanentemente- las palabras urgentes del Señor: "Convertíos y velad". Porque sólo en Cristo –y en nadie más- somos salvos. Pues “En ningún otro se encuentra la salvación, pues no se nos ha dado bajo el cielo otro nombre que el de Jesús para salvarnos” (Hch. 4,12). Y por eso, ”El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará” (Mc. 16,16).

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