miércoles, 13 de noviembre de 2019

La cabeza herida del dragón




Una de las cosas que más me chocaban de los Mensajes de Garabandal (1961-1965) era la alusión a una "vuelta del comunismo". Es decir, en los años 60 -cuando el terror rojo y su prestigio ante la progresía mundial amenazaban con devorar occidente- la Virgen parecía profetizar que el comunismo se hundiría, pero que volvería a renacer. Parecía imposible lo primero, y lo segundo no sólo imposible sino abiertamente disparatado.




Cuando tuve el primer conocimiento de estas apariciones -a inicios del año 2000-, me extrañaba especialmente esta profecía porque, como muchos otros, creía que el hundimiento estrepitoso del Muro de Berlín y de los regímenes comunistas del Este,- podridos de pobreza, corrupción y muerte-, al inicio de la década de los 90 del pasado siglo, significaría mandar el marxismo y el comunismo al inodoro de las ideas más criminales de la historia. Un mal recuerdo, que jamás volvería a aparecer por la realidad, al menos en el civilizado occidente.




Está visto que no fue así.
Que el comunismo, al igual que esa cabeza de la bestia apocalíptica -Ap. 13,3-, sólo fue herido, pero no muerto, y ha revivido de una manera terrorífica, no sólo para llevar ruina económica a los pueblos sino para arrastrarlos a una nueva moral basada en la impiedad y en la cultura de la muerte (aborto, género, eutanasia, homosexualidad), pero con un falaz barniz de humanitarismo. O dicho de otro modo: para asentar las bases sociales del Anticristo. 




Y atención a lo que también se profetizó en Garabandal: "cuando vuelva el comunismo, entonces todo sucederá".

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